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jueves, 8 de octubre de 2009

Cuando nos enamoramos



Buenas noches.
-Quiero hablarles del amor, porque viniendo para acá me
he encontrado a un amigo que se ha enamorado locamente, y está
imbécil perdido.
Esto me ha hecho plantearme algunas cosas: ¿Ustedes no creen que
debería existir una baja laboral por enamoramiento? ¿Acaso no te dan la
baja cuando tienes depresión o cuando tienes estrés? Pues yo creo que si
tú vas al médico y le enseñas un folio en el que has escrito cien veces "quiero a Marisa, quiero
a Marisa, quiero a Marisa", está claro que estás enfermo y así no se puede trabajar.
Cuando estás enamorado no es sólo que te comportas como un idiota. Es que además piensas
que eres especial, que las cosas que haces no las hace nadie más en el mundo. Aunque en
realidad lo que haces es repetir las mismas tonterías que hacen todos los enamorados.
Por ejemplo: el teléfono se convierte en el centro de tu vida, lo descuelgas cada cinco minutos
para comprobar que hay línea. ¿Pero qué te crees? ¿Que te van a cortar la línea justo en el
momento en el que te tiene que llamar ella? Hombre, los de Telefónica tienen mala leche, pero
no tanto.
Cuando por fin te llama te da un vuelco el corazón y te dispones a tener una conversación muy
profunda:
- ¿Qué haces?
- Nada.
Y así, dos horas de conversación profunda y otras dos para colgar:
- Bueno, pues cuelga.
- No, cuelga tú.
- Tú primero.
- No, tú.
- Contamos tres y colgamos los dos a la vez.
- Uno, dos y tres.
Y si cuelga ella, te quedas jodido y piensas que tú la quieres más. Y la vuelves a llamar:
- Oye, me has colgado.
- ¿Pero no has dicho que contáramos hasta tres?
- Sí, pero no tan rápido.
Todo cambia cuando estás enamorado. Tu escala de valores varía radicalmente. Por ejemplo,
antes, el domingo se lo dedicabas al fútbol. Ahora te vas a comer con ella y la sobremesa se
prolonga. Tú la miras, ella te mira, la coges de la mano, las seis de la tarde. Pero, por mucho
que la quieras, eres un hombre. Y hay un momento en el no puedes más y te levantas: "Voy al
servicio. No te vayas ¿eh?"
Y en cuanto no te vea , agarras al camarero y le dices "¿Eh, como va el Madrid tío?" Y con eso
te quedas, porque cuando llegas al coche no puedes poner Carrusel Deportivo. No señor, estás
enamorado. Hay que poner musiquita romántica. Una cinta que te has grabado especialmente
para esa noche y que en un alarde de originalidad le has puesto el título de "Lentas".
Por cierto, el coche es uno de los sitios donde más se nota lo tonto que te has vuelto con esto
del amor, porque por primera vez, en lugar de desear que se ponga en verde, quieres que
cambien a rojo para darle un beso: "Uy rojo, muá".
Tampoco te importa que te piten cuando se pone verde, porque te sientes superior. Le haces
una sonrisita a tu pareja y sigues. Y no te queda más remedio que volverte fino. Cuando estás
enamorado practicas mucho el conocido deporte de aguantarte los pedos. ¡Pedos delante de
ella ni uno! Ni en el cuarto de baño, ni en la cama, ni en ningún sitio. Y en cuanto bajas a la
calle y te diriges al coche. "Brrrrrr". Vas a propulsión.
Cuando estás enamorado te comportas como un imbécil ya desde el primer momento en que la
ves. Por ejemplo, si te enamoras de una chica en la biblioteca, en seguida se pone en marcha
el juego de las miraditas...
Lees una línea, y la miras, pasas la página, y la miras, buscas un pañuelo, y
la miras, te suenas los mocos y la miras... Y a veces, sencillamente la
miras... Y es que no te atreves a acercarte... Te puedes tirar meses
buscando esa frase que hará que ella caiga rendida a tus pies. Un día, por
fin, la encuentras...: "Me acercaré y le diré...: Perdona ¿Te importaría no ser
tan guapa, es que no puedo concentrarme en el libro". Entonces te levantas,
vas hacia ella... pero cuando te acercas sólo eres capaz de decir: "¿Me dejas
un boli? Es que se me ha gastado". Si te enamoras de una chica de fuera al
separaros prometéis escribiros; y ella ya lo creo que te escribe. ¡Cartas de
diez folios!... Pero te cuenta cosas de su vida en Ourense que a ti no te interesan para nada...
"Hola Paco, estoy en Ourense, está lloviendo... Acabo de llegar de clase de inglés, y estoy más
aburrida... aunque el profesor es muy majo, es canadiense y lleva gafas" ¿Y a mi qué? Y de
repente te pone: "Paco, tengo que dejar de escribir porque llegó mi madre" Y en la línea de
abajo "Ya he vuelto, como te iba diciendo, lleva gafas..." Pues vale...
Sin embargo, nosotros cuando escribimos una carta vamos al grano: "Hola Petra: estoy
caliente. Atentamente Gabino". Y ya está.
En fin, que me voy a pedir la baja porque he visto a una chica en la tercera fila y creo que
estoy empezando a enfermar. Buenas noches.

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